miércoles, 15 de diciembre de 2010

Día 29

La última operación



Y empezó el día 29, esta vez esperando una operación,  la mejor forma de hacerlo es, después de bañarse, dormir hasta que me toque ir al pabellón, efectivamente eso hice y como  a las diez y algo me llevaron a pabellón, estuve un rato esperando en el pasillo de las salas de operaciones mientras, en la que estaba más cerca de mí, escuchaba ruidos de herramientas eléctricas, algo importante deben estar haciendo me imaginé, hasta que un doctor se dispuso a mirar por la ventanita de la puerta y comento con quien tenía al lado que estaban haciendo una amputación de brazo, ya ambientado en este lugar peculiar y poco nervioso,  dada la poca gravedad de mi operación y la experiencia que ya tenía en cirugías de pie, me puse a revisar mis radiografías y TAC’s que estaban a los pies de mi cama, examiné con detención los fierros que me pusieron en los dedos, en el segundo dedo, el triste, ya que parece estar más dormido que los demás y está mirando hacia abajo, me pusieron una placa con tornillos que une el metatarso con una clara fractura en la mitad, en cambio en el tercer dedo, el cual resucitó en cuanto a sensibilidad después de la operación, la fractura es más arriba, donde el metatarso se une con el tarso y ahí tengo el hueso fracturado en muchas partes pequeñas, en este dedo me pusieron como una placa con hoyos, parece una cadena en la radiografía, todo esto fijado con muchos tornillos, unos seis, siete o quizás más. Bueno, en eso estaba cuando me llevaron afuera del pabellón número nueve, en el cual me iban a operar, la puerta estaba semiabierta y pude ver como limpiaban la sangre de la operación anterior que quedó en el suelo, esperé a que terminaran la limpieza e ingresé, me conectaron las cosas pertinentes y me pusieron una vía, esta vez le dije que me la pusiera de una en el antebrazo, era la misma que para la primera operación intentó ponérmela en la mano y después en la muñeca, todo esto mientras yo miraba y sumado al hambre que tenía, me empezó a bajar la presión y comencé a transpirar helado hasta quedar completamente mojado, como si estuviese saliendo recién de una piscina, en eso me empezó a apretar la faja que mide la presión y cuando terminó miré al monitor y mi presión había bajado a 80 sobre 60, esta vez evité todo eso y me la puso al tiro donde yo quería, después llegó el anestesista y me puso la raquídea, en eso llegó el doctor Lagos ya listo para hacerme el injerto, me preguntó el anestesista si quería dormir y le dije que si, así que me pusieron una jeringa en la vía y en un par de minutos perdí la conciencia hasta despertar en la sala de recuperación como a las tres de la tarde, a esa altura se me estaba empezando a pasar el efecto de la anestesia así que pedí un analgésico y me dieron un jeringazo de profenil, ya más aliviado pero con ganas de volver a la pieza y comer algo, aparece la Pauli, sorprendida me pregunta cómo me fue, yo le dije que bien y se fue a ver a su madre que estaba un par de camas más allá porque la habían operado, hace poco supe que era porque se rompió los meniscos. Esperé un rato y me trajeron de vuelta a mi pieza, apareció mi madre y después la once, comí con ansias y al rato mi mamá se fue porque tenía cosas que hacer. Y ahí empiezan mis primeras horas de cinco días que tendré que estar tendido en esta cama sin pararme ni para ir al baño, primero vi un capitulo de Life sobre los peces, una serie de la BBC con unas imágines increíbles sobre los animales, más aún cuando se ve en alta definición, una vez que terminó me puse a ver una entrevista de Cortázar del año 1977, todavía no la termino de ver de hecho si dura como dos horas.
Y acá estoy, de nuevo sin la posibilidad de moverme, después de que conocí todo el hospital y me imagino que era el paciente más aventurado en ese sentido, ya hice mío este lugar, me pertenece y ahora me lo vienen a quitar, mi mundo nuevamente se reduce a esta pieza, es como retroceder en mi recuperación, cosa que me tiene un poco de mal ánimo. Quisiera poder controlar mi inconsciente y poder vivir estos cinco días en el limbo entre la realidad y los sueños, poder estar todo el día durmiendo y acordándome de los sueños, despertándome solo para escribirlos , pero se me hace extremadamente difícil, al parecer siempre he vivido con una sobredosis de conciencia, nunca me acuerdo de mis sueños por lo que siento que me falta algo, hace algunos días vino el Pito y conversamos sobre ese tema, y sobre la posibilidad de controlar el poder acordarse de los sueños, en esos días me habías acostumbrado al horario de que me despertaran a las seis de la mañana y por algún tiempo logré despertarme solo antes de que la enfermera lo hiciera y soñando, pero no me duró mucho, desde que comencé a escribir y a poder pasear, me despierto todos los días con mucho sueño como si no me alcanzara para reponer la energía que repentinamente empecé a gastar.
Antes de ayer supe que a la Shlomit la iban a trasladar al nuevo Duoc de San Joaquín, al lado de donde iba todos los días por algunos años cuando estaba en la católica, la cosa es que la carrera que pretendo estudiar también está en la misma sede donde estará ella, así es que ese día no va a ser la última vez que la voy a ver, recién supe también, para qué voy a explicar cómo llegue a saberlo, pero supe que la Pauli compró el mismo ticket de descuento que yo en un restaurante italiano en el patio bellavista, capaz que nos encontremos el mismo día comiendo, si algo pasa que estoy atrayendo a la gente que me está comenzando a interesar, parece que ahora ando con una especie de aura pegajosa. Ahora voy a seguir viendo a Cortázar y quizás leer un poco en internet sobre cómo tomar conciencia de los sueños y así poder hacer que, hasta que me pueda parar, sea todo un gran sueño complejo que me dé de que preocuparme un rato. 

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