Y estaba leyendo unos versos calentones de Bertoni cuando entró la enfermera, las más rica, pero la que casi no me habla y yo casi tampoco, con sus dos jeringas: la grande, el antibiótico que me lo pone dentro del suero en el brazo y la chica, el anticoagulante que me la clava en mis abdominales, que ya nada se notan con lo hinchado que estoy sin poder cagar desde hace ya cuatro días y me faltan unos tres más. Entonces, ahí estaba apretando la grande con suavidad para que entrara lento y no me doliera cuando pasase el liquido frío por mi vena y yo mirando o la jeringa como avanzaba lentamente, o la televisión haciendo como que me importaba la teletón, pero en realidad ella no sabía que cuando yo miraba hacia la tele, mi visión periférica (que creo que la he desarrollado conscientemente) captaba el movimiento de sus ojos y sabía que me miraba a la cara cuando yo miraba hacia arriba. Y terminó con la grande y se dispuso a clavarme la chica, para eso tengo que descubrirme la guata, antes era fácil porque usaba calzoncillos así que me levantaba la camisa-bata de hospital y listo, pero ahora no podía usar porque mi pie estaba conectado a la máquina infernal que me aspiraba incesantemente. Entonces tengo que poner la sábana encima y sacar la camisa-bata por debajo para quedar con la sábana "tamaño película"1, el caso es que cuando se acercaba empezó a crecer muy lentamente, pero mientras más pensaba en que este era el peor momento, más seguía creciendo y el problema es que la sábana no afirma como el calzoncillo, así que crecía y se acercaba peligrosamente a su mano blanca de plástico hasta que ocurrió lo inevitable, hizo contacto y ella no podía sacar la mano porque estaba en el acto de poner una inyección así que el roce continuó por algunos segundos, quizás dos, pero sentí que eran cincuenta y yo miraba la jeringa esperando que se acabara hasta que la sacó y en ese momento yo dije:
- que cuática esa jeringa que tiene como un resorte.
y ella respondió:
- mmm .
Y en otros dos segundo empacó las jeringas y se fue, rápidamente. Todavía no sé cómo nos vamos a mirar la próxima vez que venga con sus dos jeringas, pero lo más probable es que va a ser algo incómodo. Quizás si las piezas fueran personales en vez de bipersonales, ese contacto podría haber sido sólo el primero, o si hubiese sido la otra, la que es también rica pero que me miraba distinto y me hablaba harto.
1 sábana que llega justo a la cadera de los hombres y justo sobre el esternón de las mujeres... al mismo tiempo.
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