El último día
Y llegó el último día, la verdad no lo siento distinto, se siente igual que el resto o incluso peor, si es que ya no aguantaba más acá. La ducha se sintió igual, el cantar el unplugged de Soda Stereo esperando que llegara el desayuno tampoco se sintió muy especial, llegó el desayuno, me lo comí y después llegaron a retirar las sábanas sucias y mandé a que le dijeran a la Pauli que pasara a despedirse antes de que terminara su turno, si ahora casi nunca la veo porque no hay muchas cosas que las enfermeras de azul puedan hacer por nosotros en este momento, incluyo a mi compañero, si sólo estamos esperando que sanen nuestras heridas y poder irnos para la casa, bueno, la cosa es que al final la Pauli no apareció para despedirse, si hasta le tenía un sahne-nuss de regalo como premio por ser mi enfermera favorita y ella sabía que lo era y ahí supongo que, por convención social, después de aceptar un regalo, me tendría que haber dado un beso en la mejilla y yo hubiese tratado de apuntar lo más cerca de su boca posible, pero ni eso fue capaz de hacer en los treinta y tres días que estuve en este hospital así que voy a mandar a que alguien le diga que nada que ver que no se haya despedido y que fue mi enfermera favorita hasta hoy día, perdió el título en el último día que le faltaba para obtenerlo. Así que supongo que mi enfermera favorita va a tener que ser la Shlomit, aunque no sea enfermera todavía, pero porque ese día que ella terminaba su práctica, don Francisco me dijo que pasó como tres veces a despedirse, pero yo estuve mucho rato en la sala de recuperación después de mi operación así que no nos pudimos ver, entonces cuando la vea el próximo año, estudiando en el mismo campus donde estaré yo, le regalaré el chocolate que no le pude dar a la Pauli por lo desconsiderada que fue.
Demás está decir que pasaron los doctores de pie y me miraron y me dijeron que se veía bien el injerto así que hoy me iba para la casa o, de otra manera, no estaría contando esto como el último día, así que el doctor Lagos se despidió y me deseó una feliz navidad.
Igual extrañaré a las personas que hicieron que esta estadía fuese lo más agradable o, mejor dicho, lo menos desagradable posible: a la Gloria que definitivamente se ganó el premio a la enfermera más buena onda de todas, la más buena para tirar la talla y la que más me conversaba y me preguntaba cosas; a la Magaly que casi se pone a llorar ahora en el cambio de turno porque me iba y que se quejaba de que las mujeres eran muy lateras porque llamaban todo el rato, sobre todo unas que venían de forma privada a operarse, en vez de por el convenio con empresas, que creían que tenían a las enfermeras como esclavas, si hasta una vieja la llamó para que le fuera a aplicar su crema de noche; a la Vale que se fue el domingo porque terminaba su práctica final y su carrera universitaria de enfermería y se puso tan contenta cuando le regalé uno de los dulces peruanos que me trajo la Jane como felicitaciones por haber terminado su carrera y ahí me dio un beso para agradecerme, no como la Pauli; a la Pilar también, que andaba siempre con una sonrisa tan amable cuando venía a controlarme; a la Jaqui que no la vi tanto como las otras, pero me hizo un par de curaciones, era la más brigida para curar parece, me hizo la que tuvo que sacarme toda la piel muerta del tajo gigante y los puntos, esa estuvo buena; a la Susana, que tanto me gustaba mirarla y eso no más porque no me hablaba nada fuera de lo estrictamente profesional y la voz de niña que tiene; a Moises, que es un buena onda igual, aunque no se veía mucho, bueno para la talla igual que la Gloria; y bueno, por supuesto que a la Shlomit que ya he escrito acá mis razones, pero básicamente por ser linda y la más tierna en controlar a los pacientes y, como no, porque le gusta la buena música y me gusta su estilo y sus fotos de perfil de facebook; y a la Pauli, linda, tierna, casi angelical, tan delicada para hacerme los procedimientos de enfermería, con ella el dolor pasaba a segundo plano, si uno la mira y se ven puras buenas intenciones, no podría pensar algo malo de ella, tan agradable que me imagino que sería tenerla de compañera en la vida, aunque quizás sería demasiado agradable, demasiado sutil quizás, demasiado naïf, me imagino que la vida al lado de ella se vería como de colores pasteles, no mejor no, demasiado agradable para mí… el tremendo homenaje que te hice Pauli, considerando que ni siquiera te despediste de mi, igual siempre voy a pensar que, como enfermera, eres la mejor de todas y te recordaré por eso y la próxima vez que caiga en un hospital, aunque ojalá que no pase, me acordaré de ti y veré si hay alguna enfermera que te supere y , por supuesto, me seguiré acordando que no me dijiste adiós. Y bueno se extrañará también a todos los demás que, aunque no les haga una mención especial, o aunque no me sepa sus nombres, siempre me atendieron con la mejor disposición.
Si al final, el estar treinta días en cualquier lugar no es menor, mas en un hospital, donde son treinta días en un mundo bastante reducido, especialmente cuando no me podía parar de mi cama, entonces las enfermeras y el personal que entra y sale pasan a ser tu conexión con el exterior, con lo que hay al otro lado de la puerta de la pieza y para hacer que la estadía no sea algo muy desagradable hay que involucrarse con esas personas y creo que ellos lo sienten y por eso son tan amables, si es una gran responsabilidad, ser todo el mundo, toda la visión y estar a cargo de todo lo sensorial de una persona por algunos días. Aunque están los pacientes que vienen a hipnotizarse las 24 horas del día con la televisión, si no ven televisión, duermen… hipnosis y dolor, cuerpos inmóviles, caras imperturbables, esos no piensan en su mundo, su visión no se redujo porque ya estaba reducida y todo lo sensorial lo tienen dormido mucho antes de caer en la cama automática con botones, excepto el dolor, es lo único que podría mantenerlos alerta.
Una mención especial también a mi amigo, el dolor, que supongo que me seguirá acompañando por un rato, aunque ya nos sabemos tratar, ya no me cae mal, ahora considero que es de los mejores amigos que he tenido y no creo que sea porque ya siento menos dolor, de hecho creo que me duele menos porque lo supe aceptar, si cualquiera que le echara un vistazo a mi pie hasta sentiría dolor sin tener porqué, me resigné a tu presencia tan imponente y desafiante, cuanto me has enseñado amigo, cuanto me has liberado, cuanto me has fortalecido, ahora ya sabré como tratarte cuando me vengas a visitar, no digo que estas libre de entrar en mi casa cuando quieras, si tampoco soy masoquista, pero sé que llegas sin preguntar y no hay nada que hacer contigo mas que resignarse. No sé si el otro dolor eres tú también, el dolor de espíritu, el dolor interno, si es que no, serán parientes o amigos muy cercanos y si es así, al saber tratar con uno creo que se aprende a tratar con el otro, será la enorme satisfacción que se siente cuando uno pasa a ser el que toma el mando en vez de andar peleando y jugando al perseguirse con el dolor, al saber llevarte a ti, mi amigo, he sabido relacionarme un poco más con tu compañero, cosa que siento que me hace ser más fuerte que antes. Escribo todo esto escuchando grupos como Red Sparowes o God is an Astronaut, los cuales me parecieron bien ad hoc para el momento. Cuando estuve en el Salvador pensé que la morfina había pasado a ser mi mejor amiga, hay un poema de Bertoni que dice:
MORFINA
nadie
más veloz
que el dolor
ni siquiera
la morfina
Y es cierto, eres el más rápido de todos, implacable, aunque la morfina definitivamente es agradable, y sigue siendo mi amiga, no eres tan rápida como el dolor, pero eres una experiencia en si misma, tan agradable, tan placentera, eres la definición del alivio, que alivio más pleno, más eficiente, aún así tu eres un mucho mejor amigo, la morfina no te enseña nada, o nada constructivo, sólo te enseña lo rico pero lo traicioneras que son las drogas, te dan de lo mejor, pero te piden más y uno es capaz de entregar todo por volver a tenerlas y tu, morfina, eres como una relación de una noche con la mina más rica, lo placentero, lo agradable, lo irracional, pero después qué y como dije antes, estas dispuesto a entregar todo por volver a tenerla. En cambio tu, mi amigo, enseñas pero no pides nada a cambio, lo único que pides a cambio es un poco de aceptación, y solo con eso ya empiezas a mostrar algunos signos de simpatía.
Y mientras estoy acá escribiendo sobre el dolor, la Jaqui me está curando el pie y me está sacando los puntos que tenia bajo los dedos y duele, harto, pero estoy haciendo como si me gustara y mientras escribo se me olvida, hago una pausa para recuperar la idea y me vuelve a doler.
Vino recién alguien a preguntarme sobre mi licencia, pero yo no sabía nada sobre eso, como que se enojó un poco, le dije que no sabía nada porque mi licencia no la estaba tramitando la mutual sino que me dijeron la otra vez que era el ISL, ofuscada se fue, supongo que a hacer unas llamadas, la verdad poco me importa mi licencia en este minuto, mientras esté acá, no tengo ningún gasto y ninguna necesidad y sé que una vez que me la empiecen a pagar tienen que pagarme desde el minuto en que fue mi accidente, así que si eso es antes o después, me da lo mismo.
La vuelta a casa...
La vuelta a casa...
Y llegué a mi casa, entré y la verdad no supe qué hacer, como que me quedé esperando que pasara algo, pero qué iba a pasar, por el momento es lo mismo que en el hospital, pero con más cosas que ver y con una cocina desafiándome a ver si me puedo preparar una leche con café helada y un pan con palta, lo cual he echado mucho de menos, en este minuto estoy solo así que tendré que arriesgarme no más. Y bueno, creo que hasta acá llegó la historia, ahora será una larga espera para volver a caminar y espero que, a pesar de mi condición, algo interesante pueda hacer en este verano mientras me dure la licencia, aunque yo creo que harto me va a durar, la ocupación en que me desempeñaba no es como para ir a trabajar con muletas. Fue interesante conocer la experiencia de vivir en un hospital, aunque con varias partes no muy agradables y podría haber durado un poco menos, también podría haber habido alguna enfermera soltera y arriesgada dispuesta a tener un desliz de hospital conmigo. No sé como terminar esta historia, dan ganas de escribir algo interesante, pero qué puede ser, si al final el relato era básicamente el relato de mi vida cotidiana, pero el ser en un hospital era lo que la hacía interesante y ahora ya no me encuentro ahí, creo que el escribir en algún minuto se transformó en una necesidad, en alguna forma de catarsis y, de alguna manera, hubo una retroalimentación inconsciente entre el hecho de escribir y la experiencia misma que se iba relatando, es decir, al estar registrando lo que hacía y obviamente queriendo registrar algo que valga la pena, quizás inspiraba a que las cosas que yo hacía fueran más interesantes también, así como para tener algo que contar, no me iba a poner a escribir sobre la programación de algún canal de televisión, es por eso mismo que hay como cinco días que no existen, porque no podía salir de mi pieza y mi compañero no aportaba mucho, mi mundo se había abierto un rato cuando podía pasearme a lo mario kart por el hospital y además tenía a un amigo que me acompañaba, pero después se redujo tanto que ya no valía la pena relatarlo y ahora salgo y viajo en el auto hacia mi casa con una sensación extraña, impávido al ver tanta gente, tantos autos, tanto movimiento impredecible, tanto descontrol, repentinamente el mundo se abre de nuevo y yo me veo un poco confundido, sin saber donde fijar mi atención, sin saber con qué cara mirar tanto ajetreo, tanto que ahora, aunque quisiera, ni sabría como relatarlo. ¡Me han sacado de mi cáscara de nuez!
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