domingo, 12 de diciembre de 2010

Día 26

  Hoy el día empezó igual que ayer, la ducha se sintió igual que ayer y el desayuno también, la única diferencia es que fue todo un poco más  tarde por el hecho de ser domingo, después del desayuno me puse a ver televisión, un programa sobre cocina del mundo con ese francés simpaticón, esta vez andaba en Brasil, después, siguiendo la misma tónica, vi a Anthony Bourdain en México, mejor ese, mucho más bacán el compadre, le gusta la buena vida, emborracharse cuando hay que hacerlo y quizás porque no otras cosas, en Paris tomó absenta, de la ilegal y en la volá durmió en el mismo cuarto de hotel donde murió Oscar Wilde probablemente en absenta también, o cuando probó una bebida a base de cannabis en la India. Después llegó mi viejo, lo mismo de siempre, hasta que llegó la Pauli a curarme y él  tuvo que salir de la pieza, conversamos harto rato ya que mi pie no es llegar y curarlo, le dije que ahora está disputando el titulo de mi enfermera favorita, me siguió la corriente y dijo que eso no podía ser, me preguntó quién era la otra y yo le dije que era la Shlomit, tuve que explicarle quien era hasta que logró identificarla, después me preguntó cuál iba a ser el premio a la ganadora del título, le respondí que será una cena romántica conmigo, pero me dijo que no podía ser, que la colgarían si lo hiciera, decepcionado le dije entonces que voy a tener que hacer dos concursos, uno para mi enfermera favorita soltera y otro para mi enfermera favorita comprometida, así es que le encargué la misión de que me hiciera una lista que detallara quien era soltera y quien no, obvio que no aceptó, no quería ser la soplona del edificio, además que se me ocurre que deben ser todas comprometidas, si quién no quiere pololear con una linda enfermera, quién te podría tratar mejor que ellas, claro que habría que estar atento a pacientes como yo, bueno, terminó mi curación y se fue, mi padre volvió a entrar, estuvo un rato y se fue cuando llegó mi almuerzo, comí y después reposé un rato, poco después apareció la Pauli de nuevo a hacer algo con la vía de Don Francisco, le recité la parte visceral que escribí ayer, con lo buena que es, se espantó un poco con el final y dijo: no, que no pase eso – pero después comentó que era verdad lo de que cuando se iba el sol el dolor aumentaba, aunque no supo darle una explicación lógica. Después fui a buscar al Alex para ir a dar una vuelta, bajamos a los estacionamientos de ambulancias, nos encontrarnos con un hombre que tenía las dos piernas quebradas y un brazo,  le pedí un cigarro, lo fumé y fuimos a pasear al sol mientras yo tenía puesto Explosion in the Sky en mi celular, le mostré desde la baranda del estacionamiento el parque que había descubierto ayer, Alex se motivó y dijo que fuéramos así es que, a su ritmo, partimos, bajamos por un ascensor que no conocíamos, si ya cuento como cinco grupos de ascensores distintos en este hospital, llegamos al piso cero y quedamos bastante cerca de la salida, le costó un poco andar por la parte que queda entre la droguería y el parque, ya que está levemente en subida, aunque antes tomé la precaución de darle un traumeel para que la hiciera, aún así, es bastante increíble que una persona de 53 años me apañe en mis aventuras  de hospital a solo dos días de una operación de codo de cuatro horas, entonces llegamos al parquecito y le mostré las lavandas, le recité de memoria el poema que inventé ayer, le gustó harto, estuvimos un minuto con los perros hiena y con uno cafecito bien decente que apareció por ahí y nos fuimos, nos metimos dentro de los pasillos laberínticos del hospital hasta que llegamos al ascensor que llega justo en el medio de los pisos, entre el ala sur y la norte, nos fuimos a nuestras respectivas piezas. Dormí un rato hasta que llegó la once, bajo el mismo supuesto de ayer terminé con el café y esta vez con un pan y me fui al parque, esta vez a leer la novela de Ballard, estuve ahí como desde las cuatro y media hasta las seis y media, agradable estuvo, en un momento estaba mirando hacia donde llegan los funcionarios a meterse al túnel que los lleva al casino y me imaginé a la Pauli caminando y dándose cuenta que estaba yo ahí solo en mi silla, entonces la vi acercándose con su vestimenta azul y su polera a rayas de colores que tiene bajo la azul, con su pelo liso con las puntas mirando hacia arriba y con sus cachetes levemente ruborizados, entonces me la imaginé llegando a mi silla, sentándose sobre mi falda y dándome un beso interminable, todo esto para después mirarme a la cara y sacar un anillo de compromiso del bolsillo, que en mi teoría no se lo pondría porque no podría andar curando gente con un anillo, después me la imaginé diciéndome con su voz tierna: Olvídame – después parándose para comenzar a caminar perdiéndose en la distancia, mientras yo, tratando desesperadamente de andar en mi silla de ruedas sobre el pasto para seguirla, se me caen a un hoyo las ruedas delanteras y caigo al pasto y quedo tendido mirando al cielo y recién ahí me doy cuenta de lo que pasó, claro está que no podría olvidarte después de un acto impulsivo de tal naturaleza. Bueno, como eso no pasó, me fui a mi pieza, con la experiencia que ya tengo en la silla, lo hice más rápido que si me hubiese ido caminando, iba llegando a mi pieza pero no se podía pasar porque estaba el piso mojado, así que me quedé conversando con la Pauli y me explicó la planilla que tenía que pasar al computador con la información de los pacientes, en eso veo a mis padres que están entrando a mi pieza así es que les grito para que cachen que estoy afuera, me tuve que dar la vuelta y llegué al ascensor, bajamos al piso uno y ahí apareció el resto de mi familia, salimos afuera y nos fumamos un pucho, estuvimos hasta como las siete diez y subimos de nuevo a la pieza, pasaron como diez minutos y los tuvieron que echar a todos, comí y comencé a escribir, en eso he estado ahora y este es el preciso momento en el que el espacio temporal de mi relato intercepta a mi propio espacio temporal, entonces ahora debería pensar en algo bueno que escribir, algo que sienta ahora o algo que fuera atemporal, pero no se me ocurre nada bueno. El sol ya se escondió, pero no sentí ningún cambio, parece que la expulsión de emoción que hice ayer cuando escribí sobre eso, hizo que, en vez de que mi amigo dolor ganara la batalla, escenario propuesto en ese párrafo, lo hiciera yo… te tengo dominado maldito. En este momento suena la alarma de presión alta del monitor porque don Fernando es hipertenso y su presión llego a los 185, llega la Gloria después de un rato a darse cuenta de lo alta que está, me toma la presión a mí y sale 123 sobre 82, ninguna novedad. 

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